COMO ELEGIR LA PELÍCULA O FILM ADECUADO PARA TERMOLAMINAR
La termolaminación protege y mejora la presentación de un impreso, pero el resultado final depende en gran medida de elegir bien la película o film. La elección de la película o film adecuada en el momento de termolaminar es muy importante por tres razones:
- el grosor,
- la terminación (opaca o brillante),
- y el tipo de corte (encapsulado o al ras).
Si consideras estas tres variables antes de laminar, puedes evitar problemas típicos como esquinas que se levantan, desgaste prematuro, reflejos molestos o una rigidez insuficiente para el uso real del documento.
También conviene pensar en el “objetivo” del impreso: ¿solo debe verse mejor o además debe resistir manipulación, agua, limpieza o transporte? Al definir ese objetivo, la elección del film deja de ser una decisión genérica y se vuelve más precisa.
La primera es por el grosor que debemos elegir.
El grosor va a ir de la mano al uso y al nivel de protección que queramos darle al impreso termolaminado. Mientras más grueso el film o película de termolaminación, más difícil será que se rompa con el paso del tiempo o por la manipulación.
En general, un grosor menor puede ser suficiente para piezas de lectura ocasional o de uso interno. Un grosor mayor se recomienda cuando el documento se va a doblar, transportar, limpiar o manipular de forma frecuente. También conviene considerar el tamaño del impreso: a mayor formato, más útil resulta agregar rigidez para evitar que se curve o se marque.
Un punto práctico es evaluar el “trato” que recibirá el material. Si estará sobre un mesón, en una recepción o en un espacio donde muchos lo tocarán, un film más grueso suele tolerar mejor el roce y las marcas. Si, en cambio, se guardará y consultará de manera puntual, el grosor puede ser más moderado.
Otorga cierta rigidez a tus impresos:
Cuando aplicamos termolaminación a un documento o impresión y lo hacemos encapsulado, tenemos una amplia variedad de grosores de plásticos.
Estos plásticos van desde relativamente delgados a plásticos más gruesos. La ventaja de esto es que podemos tener un impreso que sea bastante rígido sin tener que utilizar un papel muy grueso, ya que la rigidez está dada por el grosor de la termolaminación, no del papel. Esto nos da una amplia gama de posibilidades para hacer que cualquier impresión, en cualquier tipo de papel, quede rígida y con esto darle una mayor versatilidad y usos.
Otro punto práctico es pensar en cómo se va a guardar el material. Un laminar muy grueso puede ocupar más espacio y ser menos flexible para archivadores o carpetas, pero a la vez resiste mejor el roce y las marcas. En cambio, un laminar más delgado suele adaptarse mejor a documentos que necesitan doblarse o apilarse en volumen, aunque con menor protección.
También es útil revisar si el documento tendrá esquinas expuestas, perforaciones o dobleces. En esos puntos se concentra el desgaste, por lo que una mayor rigidez o un mejor sellado suele prolongar la vida útil. Si el material se doblará muchas veces, conviene equilibrar protección con flexibilidad.
Antes de decidir, conviene definir el “escenario de uso” del impreso: ¿estará sobre una mesa? ¿lo tocarán muchas personas? ¿se expondrá a humedad? Con esa respuesta, el grosor deja de ser un dato técnico y se convierte en una elección coherente con la vida útil que necesitas.
La segunda es la terminación del film de termolaminación.
Hay dos tipos de terminaciones cuando hablamos de termolaminación: la terminación opaca o la brillante.
Uno siempre puede elegir entre una de ellas dependiendo de nuestro gusto o del uso que le vayamos a dar al termolaminado. Además del aspecto visual, la terminación influye en la legibilidad bajo luz directa, en cómo se perciben los colores y en la facilidad para hacer anotaciones temporales.
Para tomar una mejor decisión, fíjate en el lugar donde se verá el impreso. La iluminación (natural o artificial), los reflejos y el ángulo de lectura cambian bastante la experiencia. En vitrinas, mostradores o espacios con focos intensos, esto puede marcar una gran diferencia.
Termolaminado opaco es elegante, hace que la luz no se refleje en el impreso y quede opaco tal como lo dice su nombre. Una ventaja de este tipo de termolaminación es que uno puede escribir con lápiz mina sobre él y luego borrarlo con una goma de borrar. Esto es ideal si tenemos un mapa o documento en el cual queremos escribir notas sobre él y luego tener la capacidad de poder borrarlas.
En ambientes con iluminación intensa (ventanas, focos, vitrinas) el acabado opaco suele facilitar la lectura porque reduce los reflejos. También puede ayudar a que huellas y pequeñas marcas se noten menos, lo que es útil en materiales manipulados por muchas personas.
El opaco suele ser una buena opción cuando hay mucho texto, tipografías pequeñas o información que debe leerse rápido. Además, su apariencia tiende a ser más sobria, por lo que funciona bien en documentos informativos o de consulta frecuente.
Termolaminado brillante es tal como lo dice su nombre, la luz se refleja en su superficie haciendo que brille. Además de esto, el encapsulado brillante resalta los colores de la impresión. Si queremos hacer notas en el termolaminado brillante, no podremos hacerlo con lápices mina, pasta o tinta pero sí con plumones. Podemos utilizar plumones de pizarra para escribir sobre el termolaminado y hacer todo tipo de notas temporales. En caso de querer borrar las notas, podemos hacerlo con un paño con agua o en algunos casos alcohol y nuestro documento volverá a ser el mismo de antes.
El acabado brillante suele funcionar bien cuando la prioridad es la intensidad visual: colores más vivos, contraste marcado y un aspecto más llamativo. Eso sí, en superficies muy iluminadas puede generar reflejos que dificulten ver detalles finos o leer textos pequeños, especialmente si el documento se consulta desde distintos ángulos.
Si el diseño tiene fotografías, fondos oscuros o gráficos donde el color es protagonista, el brillante suele “levantar” el resultado. En estos casos, conviene considerar dónde se colocará el impreso para que el brillo no compita con la información importante.
Para elegir con criterio, piensa en el contexto: si el material se usará para consulta y lectura frecuente, el opaco puede ser más cómodo; si se busca resaltar gráficos y color, el brillante puede ser una mejor alternativa. En ambos casos, una buena impresión base (tintas y papel adecuados) ayuda a aprovechar al máximo la terminación elegida.
La tercera es el tipo de terminación al cortar el termolaminado, ya sea opaco o brillante.
En el momento de cortar el impreso una vez termolaminado tenemos dos opciones: dejar un borde plástico que sobresalga, protegiendo y sellando por completo la impresión, o cortar en el borde sin dejar ningún borde plástico a la vista y en este caso dejando el borde del papel expuesto al exterior.
Esta decisión puede parecer menor, pero afecta directamente la resistencia en las orillas. En muchos impresos, el desgaste comienza por las esquinas y bordes; por eso, definir el tipo de corte ayuda a controlar cuánto se protege el papel frente a humedad, fricción y suciedad.
También influye en el aspecto final y en la forma de uso. Por ejemplo, si el impreso irá dentro de un porta credencial, una mica o una funda, el corte al ras puede calzar mejor. Si se usará “a mano” y sin protección adicional, el borde sellado suele aguantar más.
El primer caso se llama encapsulado, ya que el papel está encapsulado dentro del film de termolaminar, mientras que en el segundo caso es una termolaminación normal.
Si el impreso se va a limpiar con frecuencia, se usará en exteriores o estará expuesto a salpicaduras, el encapsulado suele ser la opción más segura porque sella el contorno. Si, en cambio, necesitas un acabado más “al ras” (por ejemplo, para encuadernar, apilar o ajustar a un formato exacto), cortar al borde puede ser más conveniente, considerando que el papel quedará más expuesto.
En caso de que tengamos una impresión la cual se encuentra encapsulada, la impresión que está en su interior queda completamente aislada del exterior y hace que este documento sea 100% sumergible. Eso es ideal para impresos que quieras lavar o limpiar permanentemente con agua y otros líquidos. De esta manera cualquier impresión que esté encapsulada puede ser reutilizada permanentemente.
Además, dejar un pequeño borde sellado puede ayudar a que el material mantenga mejor su forma con el tiempo, especialmente si se manipula mucho. Por el contrario, un corte al ras puede mejorar la estética en algunos diseños, pero requerirá un cuidado mayor para evitar que el papel absorba humedad o se desgaste en las esquinas.
Ejemplos de productos de este tipo pueden ser tales como credenciales, individuales de restaurantes, posavasos, menús y cartas etc.
En resumen, para elegir el film de termolaminación conviene alinear grosor, terminación y tipo de corte con el uso real del impreso. Con esa base, la termolaminación no solo mejora la apariencia, sino que también aporta durabilidad y una experiencia de uso más cómoda.